La Sala concluye que se encuentra acreditada, más allá de duda razonable, la materialidad de la conducta y la responsabilidad penal de los procesados como coautores del delito de homicidio agravado en grado de tentativa.
El acervo probatorio demuestra que ambos, actuando de manera conjunta y con unidad de designio, ejecutaron un ataque reiterado, violento y dirigido a causar la muerte de la víctima, empleando armas idóneas y lesionando zonas vitales, lo que permite inferir la existencia de dolo directo de matar.
